España siempre ha sido un país amante del dinero rápido y la picaresca, pero las nuevas generaciones han decidido profesionalizar el asunto.
Si antes los niños soñaban con ser futbolistas o médicos, ahora quieren ser influencers. Y entre quienes aún creen en los estudios, algunos prefieren una vía más directa: estudiar Ciencias Políticas. “Estudiar para ingeniero o médico es de tiesos; lo suyo es entrarle al dinero por la vía directa, que es la política”, asegura una estudiante con aspecto de pájaro.
Una encuesta reciente revela que el 90% de los estudiantes de esta carrera lo hace con el objetivo de pegar el pelotazo. El otro 10% aún no lo reconoce… pero está en ello.
“Las siglas son lo de menos”, confiesa una alumna con mirada de buitre carroñero. “Yo no soy de izquierdas ni de derechas; mi única ideología es la pasta”, comenta un estudiante con planta de rata de cloaca. Otro, con perfil de comadreja ministerial, lo resume mejor: “Me da igual guardarme la cartera a la izquierda o a la derecha; lo importante es que pese”.
Desde las facultades aseguran que la vocación política sigue viva: “Nuestros alumnos ya salen preparados para prometer cosas que no van a cumplir”, dice un profesor mientras revisa su cuenta bancaria.
Fuentes del ministerio confirman que se está estudiando incluir la asignatura Corrupción Aplicada I en primero, y Gestión de sobres y maletines II en cuarto. La tasa de inserción laboral, eso sí, promete ser del 100%.
